Categoría: Cultura y Arte - Turismo - Moda y Compras
Si estás en Madrid y es domingo por la mañana,
tienes una cita inexcusable con
el mercado al aire libre más importante de España, y tan interesante como una visita al Museo del Prado, y que me perdonen los artistas del siglo de oro.
Una inmensa cuesta abajo llena de tenderetes a cada lado de la
calle Ribera de Curtidores y aledaños es el insigne escenario del mercado al aire libre. Desde Cascorro a Puerta de Toledo,
un multicolor y bullicioso mercado te ofrece desde el asa de una olla a presión, barritas de sándalo de los hippies , tuercas imposibles con su grasa incluida, muebles art deco de finísimo acabado, comics, pájaritos, un zapato sin pareja y hasta coloristas y locuelos vestidos de la abuela de la época en que se bailaba el fox trop.
Comenzando nuestro periplo desde la
Plaza de Cascorro (Eloy Gonzalo es el nombre del soldado inmortalizado en forma de estatua con una lata de gasolina) encontramos mayoritariamente
tenderetes de ropa alternativa, camisetas con mensajes divertidos y toda una suerte de productos manufacturados en cuero, desde sandalias a pulseras trenzadas minuciosamente por hippies de última generación y artesanos del siglo XXI postulantes de otro estilo de vida. El tratamiento de los materiales, es tan medieval como el mercado que les acoge, aunque estos primeros comerciantes sean jóvenes de nueva acuñación abrazan otro tipo de vida, eso si, con el ipod engarzado en el cuello. Existen unas escaleras, donde las diversas razas urbanas toman el sol, mientras observan desde este pequeño minarete el devenir de todo el gentío dominguero sube y baja como si de un hormiguero de dos direcciones se tratara.
Tiendas de ropa militar, de aventura, hamacas, muebles de pino, persianas, vendedores de refrescos, nos llevan con ligeros empujones hasta la
calle de San Cayetano,
también conocida como la de los pintores. La leyenda cuenta que hace años se podía comprar un Zurbarán procedente de algún desván desconocido, o un Goya que alguien dejó olvidado por problemas económicos. Leyenda es, así que mejor no busquen lo que no encontrarán, a no ser que algún espabilado de última hora quiera falsear el origen de alguna pieza a ojos de algún turista accidental. En esta calle encontrará marinas y cuadros de caza que durante décadas adornaron los salones de los madrileños, junto a otros objetos que pertenecen a la cultura kitsch propiamente de aquí. Algunos acuarelistas son muy buenos, y te puedes llevar alguna obra con motivos madrileños, como souvenir a un buen precio.
Volvemos de nuevo a la calle Ribera de Curtidores, donde al gentio ruidoso que deambula de tienda en tienda se le suman
los puestos de venta de música que disputan su protagonismo a base de subidas de potenciómetro.
Músicas del mundo y de aquí. Flamenquito a raudales y temas del momento, aderezado de bisutería casera
La
calle Fray Ceferino González es conocida por la de los Pájaros, ya que antiguamente se vendían y cambiaban toda suerte de animales de compañía. La algarabía estaba servida. Loros, tucanes, gatitos, cachorros, peces y un señor justo en la esquina que vociferaba con un singular ritmo aquello de: "Jaula barata, ¿quíen quiere jaulas baratas?". Increíble calle en cuesta donde las melodías de canarios y jilgueros te acompañaban por todo el recorrido. Tortugas, palomas, gallinas, y todo un elenco más propio del Arca de Noé, que de una calle castiza. Hoy en día la venta de animales es menor, aunque sigue existiendo. Sin embargo han aumentado los puestos de accesorios y artilugios para la caza y cría de aves.
En la calle de
Carlos Arniches y el Carnero abundan
las librerías de viejo y de ocasión. Multiplicidad de ediciones antiguas y curiosidades de todo tipo, desde postales antiguas a libros serios de tomo dorado escritos en alemán. Salpican todas estas calles anexas a la principal, una serie de tiendas de decoración y antigüedades provistas de dependientes modernos que te recitan sin pestañear la historia de cada vetusto mueble, como si de un guía turístico del mueble se tratará. Declaman con soltura, y aparentemente con bastante conocimiento de los artículos que trabajan. Precios para todos los gustos y faldriqueras. Si lo que quieres es regatear, la mejor hora es por la mañana antes de la gran avalancha de personal, que a partir de las 11 inundan a modo de alfombra humana multicolor todas las calles de la zona. Aunque a última hora, también puedes encontrar precios más ajustados, al grito de: ¡que me voy, todo rebajado que estamos cerrando!
Mira el Sol, es la calle de los aficionados al cine, entendidos estos en su sentido más amplio.
Te puedes encontrar la versión del director de una película de culto en japonés sin subtítulos en edición de lujo y/o también las divertidas aventuras de Pippy Calzaslargas y Heidi en la ciudad de los faunos lúbricos. Divertido curiosear, preguntar y observar al personal cinéfilo circundante.
La calle de Rodas y las Plazas de General Vara del Rey (antigua del escritor Antonio Zozaya) y
de Campillo del Mundo Nuevo son las dedicadas a la compra y venta de comics, fascículos atrasados, revistas de todo género, vinilos para coleccionistas y cromos. Los cambios de cromos de los más pequeños, siempre al ritmo de la cantinela: "Sile" o "nole" (si le tengo, no le tengo en versión apocopada y coloquial), garantizan que la economía del trueque persista en la actualidad. Lo que ocurre es que se moderniza, y los trueques se ponen cibernéticos y los objetos de intercambio, hoy por hoy son videojuegos y programas informáticos.
A estas alturas de recorrido la sed y la incipiente hambre aparecen cabalgando por el sistema digestivo, para ello encontrarás por el camino
vendedores de refrescos free lance y expendedores de berenjenas de Almagro: riquísimas verduras aliñadas y abiertas con un pimiento morrón de colofón. También vendedores de chufas, altramuces y frutos secos diseminados por todo el recorrido. Hace años se vendían quisquillas en un cucurucho de cartón muy sabrosas, que combinadas con una refresco de naranja se me antojaban delicioso aperitivo para infante, alevín o cadete mientras tus inexpertos ojos se embriagaban de luz y cromos en un rastro que pertenece a tu personal biografía.
Con o sin quisquillas el recorrido del rastro madrileño, que es el mismo que hace años recorrían las bestias sacrificadas al borde del rió Manzanares y camino de la calle Ribera de Curtidores, donde se curtían y manufacturaban las pieles.
El rastro que dejaban los animales degollados en su camino, valió de metonimia etimológica para denominar el mercado al aire libre más importante de España, no sin cierto humor negro, también muy español
Perderse por sus rincones, pasear sin rumbo y observar el paisaje y paisanaje del lugar te traslada a la gran realidad que esconden todos los mercados, que no es otra que el conocimiento de una ciudadanía a pie de calle y relacionándose con su entorno.
No existe mejor espejo de un pueblo que sus mercados, y las operaciones que en él se manejan. Al fin y al cabo, ya se sabe, todo el mundo tiene algo que comprar y que vender.
CONSEJOS ÚTILES
Para los primerizos y extranjeros se aconseja tener
cierto cuidado con sus pertenencias. Los carteristas y descuideros abundan por doquier. Tampoco hay que exagerar pero es conveniente estar atentos al tema.
Las primeras horas de la mañana son las mejores para efectuar compras más aparatosas (muebles, cuadro, antigüedades) así como para el regateo, que vuelve a estar presente al final de la jornada a eso de las tres de la tarde en invierno, y no más tarde de las cuatro en verano.
Las cañas y tapas de después del rastro se suelen tomar en la zona de La Latina muy cercana a la Plaza de Cascorro. Si estás justo al final, en la zona de Puerta de Toledo, en la calle del mismo nombre haciendo esquina, esta el
bar Los Caracoles, especialistas en moluscos terrestres, y que hacen un caldito riquísimo.
Ármate de paciencia, ya que si el día es soleado, el bullicio y el griterío resulta directamente proporcional a la cantidad de visitantes del rastro.
Se aconseja ropa cómoda y pocos accesorios externos para poder caminar con cierto sosiego.
Por ultimo,
disfruta y deja que tus sentidos hagan el trayecto y que se inunden de la magia y el talento producto de la mixtura de mercado medieval y de zoco árabe, salpimentado con gracia castiza.
Cómo llegar: pincha aquí
Textos: Elías Zapata